Esta tarde me voy al Pirineo aragonés. No he consultado la previsión del tiempo. Da igual, no tengo cadenas, y si tuviese tampoco sé cómo enfundar las ruedas con ese medieval atavío. El paisaje de invierno provoca inusuales estados de ánimo, una tristeza con brillo, como la nieve, que deslumbra y hiela, todo a la vez. A veces pienso en la nieve como metáfora de los celos.
viernes, 5 de diciembre de 2008
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7 comentarios:
No nos dejarás así: ¿por qué? nieve/celos, lo pensaré por mi cuenta pero de entrada me parece una belleza
Que envidia. Yo tengo una casa alli pero este puente no me toca.
Pásalo bien.
Qué buena entrada. Es verdad que deja con curiosidad, pero una curiosidad buena.
¿Quizá porque hielan el amor y porque queman? No sé. En todo caso me da muchísimos celos saber que te vas al Pirineo. Brrrr
Pues saluda a la nieve de mi parte. Por cierto, enhorabuena, oh finalista.
Oye, avísanos cuando llegues, que eso de no llevar cadenas y la nieve me tiene sobre ascuas.
Perdonar por el retraso en contestar vuestros amables comentarios.
Álvaro, hablaremos de la metáfora, me interesa tu versión. Ya hablaré en otra entrada de esto.
Molinos me lo he pasado en grande, aunque casi me rompo una costilla del leñazo que me di bajando una pista como una energúmena...
Ro, a mí lo que me tiene con curiosidad es esto de que no hay manera de ponernos de acuerdo pa coger el teléfono, ni la una ni la otra. Volveré a intentar.
Cris, a ver cuándo subes a estos paraje sinvernales, ¿no?
Néstor saludé con inclinación profunda, muy profunda a la nieve, jeje. Y gracias. Hay que ver cómo corren las noticias...
Enrique, no te preocupes que el único percance fue el atasco de vuelta, pero incluso eso resultó muy divertido.
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